Debemos tener en cuenta dos aspectos fundamentales en el proceso terapéutico:
1. Repetición de comportamientos
En sesión es necesario reproducir lo que el paciente hace en su vida real, no limitarse a narrarlo. No trabajamos con memoria biográfica, sino con memoria procedimental.
Al repetir los patrones en tiempo real, el terapeuta puede observarlos, intervenir sobre ellos y facilitar nuevas formas de relación y respuesta.
2. Vivencia y procesamiento lento
El paciente debe relatar sus experiencias de manera más pausada, permitiendo que el “educador” —la instancia reguladora interna— pueda entrar en juego.
Este ritmo lento favorece que la experiencia se inscriba en la memoria, que esta se vuelva más lábil y que el procesamiento inconsciente paralelo se haga consciente y accesible.
Este enfoque garantiza que el cambio no sea solo intelectual, sino vivido, integrado y emocionalmente significativo.
Transforma la experiencia en conocimiento profundo y duradero, capaz de modificar la conducta y la relación del paciente consigo mismo y con los demás.